Una mañana de diciembre

Madera ardiendo en la chimenea, las botas van secándose a su calor, en la calle hace frío, frío de diciembre, el sol apenas se deja ver sobre la cima de los altos árboles. En el monte cercano la vida se oculta y sobrevive, pero ciega y sorda, se siente. Se siente el latido del corazón del monte a sólo unos pasos. Pero adentro el fuego sigue consumiendo los leños, ella se afana en la cocina y el olor de su trabajo llega hata mí, despertando mi estómago. Es hora de comer, me llama. ¡Que bien sabe esa comida ganada con esfuerzo y sudor! ¡Que bien saben las recompensas que uno sabe merecerse! Pero el fuego sigue ardiendo en la chimenea ajeno a todo lo demás, y llena el aire de la vieja cabaña de calor y bienestar. El mundo está en orden por un momento. El aire es paz. Afuera el monte, el prado, el suave y helado viento. Adentro el fuego, el alimento, la compañía.