Mi universo

Las razones de Berkeley además de estimulantes y convincentes abren un universo de abismales caminos. Uno de ellos nos lleva a las abrasadas llanuras indostánicas del Buda y de Rama, otros se introducen en penumbras sicológicas invitando a terrores imaginarios. Pero hay otro, que hoy me llama. Afirma Berkeley que nada podemos decir que exista realmente más allá de las percepciones que llegan a nuestra mente, ninguna realidad es posible fuera de ese ámbito subjetivo. Cada hombre es entonces un universo que a lo largo de la vida (si se me permite la contradicción de considerar como realidad el tiempo) se irá llenando de imágenes, de sonidos, de olores, todo ello ha de desaparecer en el momento de la muerte. Esa realidad que vivimos todos y cada uno no durará un instante más que nosotros. Un universo entero se colapsará hasta extinguirse con la muerte de un hombre. Conmigo desaparecerán también este párrafo, un amanecer en Ullapool, tu rostro, un perro negro en la carretera del faro, el canto de un grillo en una noche del verano del noventa y nueve, una luna roja, acaso mi padre, un dolor en la rodilla, aquella carta que rompí, aquella otra que estuve a punto de escribir .