Transparencias

En una ocasión, un hombre al que apodaban “el loco” me aseguró ser un extraordinario pintor, el mejor de esta época, así se definía. Más por cortesía que por interés accedí a visitar su casa y dejé que me mostrase sus pinturas. Te voy a mostrar mis pinturas y dibujos de los últimos cinco años, dijo, es mi época gris, he ido dejando que el color se pierda entre líneas y figuras. Puso ante mí, lienzos y papeles, quizá más de cincuenta. Todos ellos estaban en blanco. No pude evitar una sonrisa de superioridad que él notó. Perdona, dijo sonriente, se me había olvidado decirte que mis pinturas son transparentes. Está realmente loco, pensé.

Aquello ocurrió hace muchos años. Mis ojos no fueron capaces de descubrir sus trazos transparentes sobre el blanco. Pero el loco pintaba la vida. El mundo está lleno de vidas transparentes, las calles están llenas de gentes que tras una apariencia gris y anodina esconden vidas maravillosas, emocionantes y llenas de luz. Claro que no se ven, son transparentes. Le conté todo esto a una mujer, me miró con la misma expresión que yo había mirado hace años. Sonreí. Tú eliges, le dije, una vida en color hecha de carreteras, colas y relojes o una maravillosa vida transparente. La doctora eligió la primera y decidió que lo mejor era internarme.