Aquiles y Homero

– ¿Por qué escribes? ¿por qué escribimos? ¿nunca te lo has preguntado?

– Alguna vez, no sé, supongo que es una manera de vivir otras vidas, de tener otros yo.

– ¿Y no sería mejor vivirlas?

– El otro día decía Álvaro Pombo que en algún momento tenemos que elegir ser Aquiles o ser Homero, supongo que hemos elegido a Homero.

– ¿Recuerdas el Walden de Thoreau?

– Sí, es cierto, él decidió vivir y escribir lo que había vivido.

– Fue Aquiles y Homero a la vez.

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Casilleros

¿Gustav Mahler? Fue el último post-romántico de la música clásica. Esa es la definición que acabo de escuchar del músico alemán. Uno de los mejores inventos del cerebro humano ha sido la capacidad de clasificar, de ordenar, de elaborar listas y casillas. Veamos, tenemos un músico, pero un músico clásico, del romanticismo, pero del post-romanticismo y dentro de estos el último. Dicen que en oriente son capaces de concebir el mundo como un todo unido y continuo. Pero aquí en el gris y limitado occidente no somos capaces de ver el mundo más que como un inmenso armario lleno de cajones independientes, llenos de cajones más pequeñitos, cada uno de ellos con su especialista o su banda de especialistas, y así hasta el infinito. Nos encantan las categorías, las listas y las clasificaciones. Así podemos convertir el mundo, el ancho y rico mundo, en un lugar más asequible, más comprensible, pero también más pequeño y seguramente más mezquino.