Dioses y demonios

Escribo, dijo el sujeto A, por vanidad, porque he dado en suponer que lo que tengo que decir no sólo interesa a los demás, además es necesario decirlo, el mundo sería peor si yo no escribiera.

Escribo, dijo el sujeto B, por que mi vida se me queda pequeña, necesito crear mundos, seres, vidas para poder escapar de la mía, aunque sea un momento.

Escribo, dijo el sujeto C, por la gloria, porque no hay recompensa mayor que oír alabanzas unidas a un nombre que es el tuyo en bocas ajenas.

Escribo, dijo el sujeto D, por el placer de crear hombres y mujeres, ciudades y montañas, países y océanos, por el placer de dar y quitar la vida. Escribo para ser Dios.

Cuatro estaciones

Fue a comienzos de un verano de hace mil años. Nos vimos varias veces antes de que saltase la chispa, pero cuando saltó lo incendió todo a su alrededor sin que se pudiese hacer nada por evitarlo. En sus ojos de azul vivo me perdí aquel verano, pero aquellos días de calor que parecían no tener fin se acabaron, y cuando el verano dio paso al otoño me refugié en sus cabellos dorados, donde nada era imposible, romper aquello parecía tan difícil como detener la rotación de la Tierra. El invierno me sorprendió escuchando a Janis Ian cantando At seventeen y a Sabina cantando Calle melancolía.

La volví a ver esta primavera, refugiándose de la lluvia en un portal. Los años se habían cobrado su tributo, como a todos, estaba menos hermosa pero, quizá, más interesante. Sus ojos seguían iluminando su rostro como siempre. Hubo una época en la que significó todo, pero nuestros caminos se separaron hace mucho. Apreté el paso y seguí el mío.