Indignaos

Un grupo de jóvenes airados, o indignados, como diría Stéphane Hessel, se manifiesta en El Cairo, en Manama, en Túnez o Damasco. Leo y escucho palabras como democracia, esperanza, futuro, libertad, derechos …

Un grupo de jóvenes airados se manifiesta en Londres. Leo y escucho palabras como anti-sistema, vandalismo, destrozos, anarquismo …

Un grupo de jóvenes airados, o indignados, se manifiesta en El Cairo, en Manama, en Túnez, en Damasco o … en Londres. Veo desesperación, hartazgo, falta de expectativas …

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Compraventa

En una de las tertulias matinales, esta mañana me sorprendo al encontrar una voz que no repite los mismos tópicos ni se apunta perezoso a la corriente general. Habla del robo del sistema democrático, de que las multinacionales, los mercados, los especuladores se han apropiado del poder. Me sorprendo, por segunda vez, de estar, en lo básico de acuerdo. Sin embargo, discrepo en el verbo, no nos han robado la democracia, nos la han comprado, a cambio de un segundo coche, de un chalet adosado, de unas vacaciones todo incluido, del último aparato electrónico, de unas tetas de silicona, o peor aún, de la promesa de tenerlo.

Pensándolo mejor, lo que nos han dado a cambio es miedo. El miedo a perder ese segundo coche, ese chalet adosado, esa promesa de felicidad material.

Felicidad

– Tienes que venir conmigo este verano – me dijo –  ya verás, en el sur la vida es diferente, la luz es diferente, la gente es diferente. Ven al sur conmigo, allí se está un poquito más cerca de la felicidad.

– La felicidad, dije riéndome, es un espejismo, una utopía.

– Al contrario, todos los días se toca durante al menos un momento.

– ¿Y el resto del tiempo? ¿Acaso ese momento justifica las veintitrés horas, cincuenta y nueve minutos restantes?

– No lo entiendes, pero ya verás, allí lo entenderás.

Finalmente acepté la invitación. Una madrugada de junio subimos en su coche y enfilamos la carretera en dirección sur. Amanecía sobre la inacabable estepa castellana cuando una gran sonrisa iluminó su rostro.

– Ya verás, en el sur la vida es diferente, la luz es diferente, la gente es diferente. Ven al sur conmigo, allí se está un poquito más cerca de la felicidad.

– La felicidad, dije riéndome, es un espejismo, una utopía.

– Al contrario, todos los días se toca durante un momento.

– ¿Y el resto del tiempo? ¿Acaso ese momento justifica las veintitrés horas, cincuenta y nueve minutos restantes?

– No lo entiendes, ni nunca lo entenderás. Es mejor que te bajes del coche.