Felicidad

– Tienes que venir conmigo este verano – me dijo –  ya verás, en el sur la vida es diferente, la luz es diferente, la gente es diferente. Ven al sur conmigo, allí se está un poquito más cerca de la felicidad.

– La felicidad, dije riéndome, es un espejismo, una utopía.

– Al contrario, todos los días se toca durante al menos un momento.

– ¿Y el resto del tiempo? ¿Acaso ese momento justifica las veintitrés horas, cincuenta y nueve minutos restantes?

– No lo entiendes, pero ya verás, allí lo entenderás.

Finalmente acepté la invitación. Una madrugada de junio subimos en su coche y enfilamos la carretera en dirección sur. Amanecía sobre la inacabable estepa castellana cuando una gran sonrisa iluminó su rostro.

– Ya verás, en el sur la vida es diferente, la luz es diferente, la gente es diferente. Ven al sur conmigo, allí se está un poquito más cerca de la felicidad.

– La felicidad, dije riéndome, es un espejismo, una utopía.

– Al contrario, todos los días se toca durante un momento.

– ¿Y el resto del tiempo? ¿Acaso ese momento justifica las veintitrés horas, cincuenta y nueve minutos restantes?

– No lo entiendes, ni nunca lo entenderás. Es mejor que te bajes del coche.

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