Delibes triste

Anoche soñé que era Miguel Delibes, pero lejos de responder a la imagen de castellano serio, austero, firme, era un Delibes melancólico. No podía identificar las causas de esa tristeza, pero el Delibes que era yo, o viceversa, estaba arrasado por una melancolía insuperable.

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Juanón

Juanón nunca ha tenido trabajo estable, ahora lleva tres años sin que nadie le contrate, no tiene ningún tipo de subsidio. Vive en una cuadra en el monte que fue de sus padres donde mantiene cuatro vacas y una burra, también heredadas de sus padres. Viste con ropa vieja, gastada, rota, hace meses que no sabe lo que es una ducha, que no sabe lo que es un billete de veinte euros. Bebe la leche de las vacas, come lo poco que da una miserable huerta, recibe alguna ayuda de familiares, recorre el pueblo, el monte con los ojos bien abiertos por si encuentra algo que pueda serle de utilidad y casi todo lo es.
Juanón no tiene ordenador, coche, teléfono móvil, no va de vacaciones, no va a restaurantes, no sabe lo que es twitter, no compra en las rebajas, no celebra cumpleaños. Juanón no aparece en las noticias, no suma en las estadísticas.
Juanón no existe.