Los liberales y la turra

En la derecha española la palabra liberal se usa solamente en dos sentidos, como etiqueta vacía o bien para referirse a ciertos encuentros de carácter sexual más o menos multitudinarios. En la práctica, la derecha española, orgullosa heredera de sus orígenes, el franquismo y la iglesia católica, es de todo menos liberal, intervencionista en todos los ámbitos, con tendencia a prohibir todo lo que teme y siempre dispuesta a colonizar y parasitar todo organismo público que se ponga a su alcance.

En frente, la izquierda española se ha convertido en el cascarrabias que se queja, riñe y protesta pero es incapaz de hacer nada. Ha abandonado todo aquello que le dio sentido, empezando por la lucha obrera, para dedicarse a pontificar y legislar sobre usos y costumbres, para salvarnos aunque no queramos, en un giro loco que le convierte en la nueva iglesia. La izquierda se ha vuelto pija y vacía, vigila el lenguaje pero no se mancha en la calle, se dedica, como dirían en mi pueblo a dar la turra.
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Piedras

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El ir y venir de la historia hace que algunas cosas permanezcan, otras cambien, otras perezcan. El correr de los tiempos desgasta ideas, piedras y vanidades. Y es bueno que sea así, lo que es es. Entonces ¿por qué luchar contra ello? ¿por qué ese afán de dotar de carne viejos esqueletos pulidos por el viento?

Una obra humana convertida en ruinas, en fantasma de lo que fue, posee más historia, más belleza y más poesía que una anacrónica reconstrucción.

Banderas al viento

Las fachadas de los edificios se adornan estos días con los colores rojo y gualda de las banderas nacionales colgadas de balcones y banderas. ¿La razón? Juega la selección de fútbol. Y esta es prácticamente la única ocasión en que los españoles nos vemos motivados para mostrar públicamente nuestro patriotismo. ¿Patriotismo? ¿patria? ¿el patriotismo es una bandera colgada del balcón? Se me ocurre preguntar detrás de cuantas de esas ventanas, se sientan orgullosos ante el televisor patriotas ejemplares, de esos que aparcan en doble fila, que cobran en dinero negro, que no recogen la mierda de sus perros, que no paran en los pasos de cebra, que tiran la colilla al suelo, que desprecian a los que no son como ellos…

El cine como redundancia

A través de la radio del coche, un crítico de cine intenta convencerme de las bondades de una película. Diálogos brillantes, proclama como certificado de calidad. Tomo el desvío de la autovía y se me ocurre pensar si no es una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero hacer una película para que destaquen los diálogos. Para eso existe el teatro, y si me apuras, la literatura. El cine nació como sucesión de imágenes en movimiento. Una película basada en la palabra no deja de ser una obra de teatro o una obra literaria filmada. Una redundancia en suma.

 

Los barcos y la honra

¿Por qué la “radical”, “antisistema” (como la califican los medios) CUP opta por apoyar a un candidato de centro-derecha, de un partido marcado a fuego por la corrupción? ¿por qué no dar un paso más empujando hacia la caída de ese sistema que denuestan? ¿por qué meterse voluntariamente en una trampa tan típica de la derecha? ¿por qué prefieren lo abstracto a lo concreto? ¿por qué prefieren patria, nación o identidad a trabajo, vivienda o educación pública?

El Partido Republicano en Estados Unidos lleva decenios usando esa estrategia con éxito: más patria o más religión significan también menos derechos laborales o más diferencias sociales.

¿Por qué la CUP prefiere honra a barcos?