EL dedo y la luna

Todos mirando, como hipnotizados, el dedo que señala la luna, discutiendo sobre la forma, tamaño, textura, color del dedo, mientras el satélite permanece lejano, invisible, indiferente.
El anuncio de la pregunta del improbable referéndum en Cataluña, el debate, el choque de trenes entre nacionalismos, esas cabezas que en lugar de pensar, envisten. El dedo.
La degeneración de la democracia, la pérdida de legitimidad, la corrupción económica y moral, el robo de derechos, la miseria, la revelación a cara descubierta de que el poder ya no es del pueblo, si es que una vez lo fue, de que el poder lo detentan cuatro personajes sin cara, sin nombre, sin escrúpulos, lejanos y envueltos en oro. La luna.

Propósitos

Me propongo no escribir sobre política, al menos la política de los políticos, me propongo no escribir sobre corrupción, me propongo no escribir sobre números, sobre porcentajes, me propongo no escribir sobre desahucios  sobre bancos, sobre multinacionales. Me propongo escribir sobre el milagro de despertar, de descubrir que la que duerme a tu lado respira, de observar las manos pequeñas e increíblemente diestras moverse, de recibir una sonrisa en la escalera, de admirar un  felino movimiento de caderas, de saborear una cerveza fría una tarde de verano, de ver anochecer en solitario … Pero por más que lo intento, un paisaje lleno de rencor, cainita, inculto y mezquino no deja de llamar a la ventana.

Educación

La generación de mis padres creía que la educación era el camino para tener una vida mejor que la suya. Padres obreros, claro, para los otros era más sencillo, bastaba con heredar. Durante años insistieron, se preocuparon, abroncaron llegado el caso, para que estudiase, para que sacase buenas notas, “si el beneficio va a ser para ti”. La educación era, para gentes criadas con la cartilla de racionamiento, la misa obligatoria y el cara al sol en la escuela, el camino para salir de las estrecheces, para subir en la escala social, para ser uno de aquellos a loa que ellos miraban desde abajo: maestro, médico, ingeniero. Me pregunto que pensarían ahora, cuando se habla del escandaloso paro juvenil, de licenciados trabajando de becarios o con contratos basura a cambio de una miseria. Me pregunto que dirían al comprobar que la puerta que ellos creían de salida, se cierra cada vez más rápido, que la educación es un valor tan en desuso como la castidad. En tiempos de mis abuelos era todo más sencillo: la resignación a lo que dios mande o la revolución social.

Minero

Nací y me crié en un pueblo minero, mi padre nació y se crió en un pueblo minero, mi madre  nació y se crió en un pueblo minero (que no era el mismo), uno de mis abuelos fue minero, en el escudo del municipio hay un pico. Valga esta introducción para añadir a continuación que esta madrugada me hubiese gustado estar en las calles de Madrid aplaudiendo a los mineros que llegaban tras tantos días de caminata.

Son un ejemplo, quizá el único, de dignidad, de honestidad, de decencia. Por ello no es extraño que la gente marche tras ellos, ellos luchan por su supervivencia, la de su familia, la de sus pueblos, pero para el ciudadano anónimo son la bandera del hartazgo, de la desesperación, del ¡basta! Se enfrentan a un gigante que quizá acabe devorándoles, pero que pasaría si hubiese más como ellos, si fuésemos como ellos.

Radicales

En las calles hay de nuevo protestas, manifestaciones, indignación, hartazgo. Los llaman radicales, violentos, terroristas urbanos. La calle como lugar común, como lugar donde se puede expresar en libertad debe ser prohibida, vedada sólo para que pasen los coches.

¿Y que esperan que hagan? ¿Esperar cuatro años sentados frente al televisor? ¿Ignorar la estafa que comete el gobierno cada vez que toma una medida?
La brecha entre la sociedad oficial y la sociedad real es cada vez más grande y desde luego, esa sociedad real debe ser silenciada, callada, ocultada como ha estado siempre.

Si yo fuera valenciano

Si yo fuera valenciano y los gobernantes de mi comunidad hubiesen convertido todo el litoral en una Marbella, llena de desenfreno, corrupción, especulación inmobiliaria, despilfarro, carreras de formula 1, copas américa y aeropuertos inútiles. Si el presidente de mi comunidad fuese amigo (que quiere un huevo) a mafiosos chuscos, horteras y millonarios. Si tras una elecciones generales el gobierno recién formado se dedica en mes y medio a hacer todo lo contrario de lo que se comprometió antes de las elecciones. Si me recortasen los derechos laborales, si convirtiesen la sanidad y la educación públicas en un callejón sin salida …

Indignaos

Un grupo de jóvenes airados, o indignados, como diría Stéphane Hessel, se manifiesta en El Cairo, en Manama, en Túnez o Damasco. Leo y escucho palabras como democracia, esperanza, futuro, libertad, derechos …

Un grupo de jóvenes airados se manifiesta en Londres. Leo y escucho palabras como anti-sistema, vandalismo, destrozos, anarquismo …

Un grupo de jóvenes airados, o indignados, se manifiesta en El Cairo, en Manama, en Túnez, en Damasco o … en Londres. Veo desesperación, hartazgo, falta de expectativas …

Compraventa

En una de las tertulias matinales, esta mañana me sorprendo al encontrar una voz que no repite los mismos tópicos ni se apunta perezoso a la corriente general. Habla del robo del sistema democrático, de que las multinacionales, los mercados, los especuladores se han apropiado del poder. Me sorprendo, por segunda vez, de estar, en lo básico de acuerdo. Sin embargo, discrepo en el verbo, no nos han robado la democracia, nos la han comprado, a cambio de un segundo coche, de un chalet adosado, de unas vacaciones todo incluido, del último aparato electrónico, de unas tetas de silicona, o peor aún, de la promesa de tenerlo.

Pensándolo mejor, lo que nos han dado a cambio es miedo. El miedo a perder ese segundo coche, ese chalet adosado, esa promesa de felicidad material.

Nuevo dios

En el siglo XVIII se inicia en occidente un proceso, que consigue poner al individuo en el centro del pensamiento. Ese proceso queda finalmente por escrito con la Declaración de Derechos del Hombre en  el dolorido y doloroso siglo XX. La razón por encima de la superstición, la justicia sobre la arbitrariedad, son ideas, que aunque lejos de llegar a cumplirse en un porcentaje aceptable, iluminan el camino y reconfortan de alguna manera. Con el cambio de milenio el proceso ha comenzado a invertirse, en nombre de la seguridad se recortan libertades, en nombre del progreso se pisan derechos, en nombre de la economía se sacrifican pueblos.

El Mercado es el dios de nuestro tiempo, en su nombre todo está permitido, en su palabra está la verdad. Como el dios de Abraham es juez y parte, caprichoso, puede ser generoso o cruelmente vengativo, arbitrario o justo a su antojo.

Lo anterior no deja de ser una broma, apocalíptica si se quiere, pero una metáfora de la realidad. La prensa nos fustiga cada día con noticias del tipo: “los mercados exigen reformas”, “los mercados castigan a Irlanda”, al final lo que están diciendo es que hay que renunciar a derechos laborales para contentar a esos mercados, que hay que inundar los bancos de dinero público para contentar a los mercados, que hay que proteger a las grandes multinacionales para que los mercados nos perdonen. Ante tal avalancha de ¿información? se me ocurre preguntar ingenuamente: ¿quienes, con nombre y apellido, intervienen en los mercados? ¿quien, con nombre y apellido, compra deuda pública? ¿quien, con nombre y apellido, decide que un país es más o menos solvente? Contestar a esas preguntas sería informar, no repetir la consigna del que manda.