Huir

Dos semanas sin televisión, radio o internet, dos semanas en que las preocupaciones eran cercanas y tangibles, dos semanas en que he llegado a la conclusión de que sólo cabe esconderse y desaparecer para sobrevivir. Si no hay solución, como parece, si en este partido siempre ganan los mismos, si no hay esperanzas de salvación colectiva, sólo queda escapar y bajarse del tren que enfila el desastre. Fuera del mundo, fuera del siglo.

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