Güelfos y gibelinos

Allá por los años 60 o 70, se contaba el siguiente chascarrillo: en Moscú no se sabe nada, pero se entiende todo, en Roma, en cambio, se sabe todo, pero no se entiende nada. El recuento de votos ha acabado en Italia y, una vez más, nadie entiende nada. Desde el norte se entiende aún menos. En la misma ciudad, el Para Ratzinger renuncia, dicen que devorado por intrigas de pasillo. Dos hechos más o menos coincidentes en el tiempo y seguramente también en el fondo. En el norte, en Alemania por ejemplo, se observa con estupor a los países del sur, clientelistas, tramposos, con escaso o nulo respeto por las normas. En el sur, en Italia por ejemplo, se observa con desconfianza a los vecinos del norte, soberbios, dominantes, incluso imperialistas. Nada nuevo bajo el sol, el norte austero, sobrio, honesto y con tendencia al fanatismo contra el sur derrochador, corrupto y con tendencia a perdonar todos los pecados. Protestantes y católicos, romanos y germanos, güelfos y gibelinos, Merkel y Berlusconi. Un desencuentro histórico, cultural, social que lejos de mitigarse parece aumentar con la misma intensidad que lo hace la crisis política y económica.

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