Un libro viejo

Abril de 1930 es la fecha de edición del libro que tengo entre mis manos. Tapas de color rojo matizado por los años y algo maltrechas, testigos de todas las manos que por ellas han pasado. Las hojas han ido adquiriendo un tono que busca el amarillo y ese olor dulzón, marca del tiempo en los libros. Fue un amor a primera vista, fue encontrado en una librería de viejo de Salamanca, ¿donde si no?, estaba en una de las estanterías de segundo orden, nada que ver con aquellas otras acristaladas donde se esconden de los dedos los libros de lomos dorados y autor famoso.

Al sentirle por primera vez en mis manos me llegó en un instante la magia misteriosa que producen los objetos de larga vida y muchos dueños. Sabe dios cuantas manos habrán vuelto sus hojas, con pasión o con tedio, con ansia o con desilusión. Quien sabe el camino que habrá recorrido este libro hasta llegar a mis manos, hasta llegar a aquella oscura estantería de aquella librería. A través de sus páginas gastadas es posible jugar a imaginar lectores, deshacer el tiempo recogiendo el hilo que habría de llevarnos a esa primera vez que alguien acudió a una librería y se dejo seducir por este libro particular en lugar de otros tantos miles. Como me gustaría conocer a aquel primer lector, como saber que encontró aquella persona en el libro que a mi también me ha interesado casi setenta años más tarde.