Cuatro Caminos

Amanecer de febrero. Sobre las calles aún muertas se abalanza una multitud de rostros somnolientos. Caras extrañas camino de trabajos subterráneos. Caras de emigrantes, rostros morenos y cobrizos limpiando la basura de la civilización occidental, inaugurando una nueva categoría social, los sirvientes de los esclavos.  Es muy tarde para el deseo y demasiado pronto para el amor, cantaba Sabina cuando Sabina cantaba bonitas canciones. Esta mañana suenan otras músicas, lejanas y fuera de lugar en este erial asfaltado. Camino hacia Cuatro Caminos entre la marea humana, entre culturas y continentes arrojados a esta desolada playa. Buffalo soldier, fighting at arrival, fighting for survival . canta Marley ahora delante de una cafeteria. Otras músicas en el aire o en el alma pueblan la calle, saliendo del metro, esperando a las puertas del supermercado, vendiendo desesperanza en los semáforos o simplemente viendo pasar el tiempo y la gente, quien sabe si con tristeza, resignación, rabia o indiferencia. Es lo mismo, son invisibles, en las aceras, tras las barras de los bares o en el asiento de al lado en el autobús, pasan por la vida como fantasmas sin huella, para hacerse reales sólo cuando saltan a las amarillentas páginas de algún periódico. Sólo hay una cosa peor que la soledad, canta un poeta callejero a la indiferencia, sólo hay una cosa peor, la soledad en la miseria.

 

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