En las calles hay de nuevo protestas, manifestaciones, indignación, hartazgo. Los llaman radicales, violentos, terroristas urbanos. La calle como lugar común, como lugar donde se puede expresar en libertad debe ser prohibida, vedada sólo para que pasen los coches.
Radicales
Si yo fuera valenciano
Si yo fuera valenciano y los gobernantes de mi comunidad hubiesen convertido todo el litoral en una Marbella, llena de desenfreno, corrupción, especulación inmobiliaria, despilfarro, carreras de formula 1, copas américa y aeropuertos inútiles. Si el presidente de mi comunidad fuese amigo (que quiere un huevo) a mafiosos chuscos, horteras y millonarios. Si tras una elecciones generales el gobierno recién formado se dedica en mes y medio a hacer todo lo contrario de lo que se comprometió antes de las elecciones. Si me recortasen los derechos laborales, si convirtiesen la sanidad y la educación públicas en un callejón sin salida …
Jack Daniel’s
Tengo un amigo que colecciona noticias curiosas, especialmente le gustan aquellas que contienen paradojas del centro del imperio, antes de que sea barrido desde oriente (o quizá allí sea desde occidente, otra paradoja). El otro día se escuchó en la radio que en el pueblo de Kentucky donde se fabrica el bourbon Jack Daniel’s está prohibida la venta de alcohol. Pues allí durante una visita a la fábrica estuvieron acompañados por un grupo de presos (más de uno de ellos había tenido problemas con el alcohol) que también hacían la visita.
Al alba y con viento …
Al alba y con viento de tramontana, unidades de élite del ejército español han cruzado la frontera y cercado la ciudad de Perpignan. Todas las vías de comunicación están cortadas y la ciudad aislada. Se espera que en las próximas horas nuestras tropas ocupen la ciudad y alcancen los objetivos marcados.
Así empezaba la declaración del ministerio de defensa donde se daba cuenta de la operación realizada contra el enemigo francés a fin exigir una reparación a las últimas afrentas realizadas sobre algunos de nuestros más significados compatriotas. He podido leer en la prensa extranjera, sesgada y malintencionada, que califican esta operación como “la guerra de los guiñoles”, sin duda con ánimo vejatorio. Da igual, sabemos que la razón está de nuestra parte, los últimos acontecimientos han unido al pueblo junto a sus dirigentes para hacer justicia.
¡Viva Honduras!
¿Que no ha ocurrido así? Pues quien lo diría.
Rodando, rodando
A Selaya puedo llegar por varios caminos: desde San Roque, porla Braguía, por el Alto de San Martín, recorriendo las callejas de Esles, LLerana, Tezanos … o por el camino más corto. Pero eso no es lo más importante, porque la felicidad espera en la carretera bajando desde Selaya a Sarón. Alguien puede argumentar que en cualquier bajada, en cualquier descenso prolongado se puede disfrutar de igual manera. De ninguna manera, la diferencia está en que en esta carretera hay que dar pedales para avanzar, no basta con dejarse llevar por la ciega inercia. Dando pedales y cogiendo velocidad, uno se siente poderoso, fuerte, la cabeza se va hacia alguno de los grandes rodadores belgas u holandeses que sembraban el terror en los pelotones profesionales. Cierto es que es un autoengaño, que es hacerse trampas en el solitario, que la carretera pica ligeramente hacia abajo, pero es un engaño feliz.
Alta velocidad
Vivo en una tierra con complejo de aislamiento. Por la orografía, el clima, la situación periférica, el fallido Santander-Mediterráneo, la incapacidad de nuestros políticos, la voluntad de quienes ven a esta tierra como su finca particular de vacaciones, la falta de iniciativa de quien se cree el ombligo del mundo y cree no necesitar mirar hacia afuera, por lo que sea, tenemos secularmente la sensación de que las infraestructuras que nos conectan con el resto del mundo son siempre insuficientes y, desde luego, mucho peores que las de nuestros vecinos. El caballo de batalla actual es el tren de alta velocidad, por el aire vuela la sensación de que sin él nos hundiremos irremediablemente en el Cantábrico.
Hoy, que me levantado con el pie izquierdo, se me ha ocurrido pensar si realmente es necesaria tanta velocidad, tantas autopistas, tantos túneles y puentes, tantas cicatrices sobre el monte. Si queremos que los aviones vuelen con frecuencia y sean baratos, ¿para que queremos un tren de alta velocidad?. Si queremos un tren de alta velocidad ¿para que necesitamos tanta autopista?
Resulta que la mayoría de los desplazamientos largos, que es cuando se usan esas infraestructuras, son para ocio y vacaciones. ¿No sería más sensato pensar en otro modelo de ocio que no implicase quemar petroleo y enormes obras públicas?
Reciclaje
Botellas de plástico, latas de aluminio, briks (cartón, aluminio, plástico), botellas. Todos estos envases se usan habitualmente para contener los diversos líquidos que se consumen en una casa normal. Todos esos envases generan una gran cantidad de deshechos. Todos esos envases pueden ser reciclados. Esto parece un gran avance, al menos así nos lo venden. Antaño, hace muchos años, sólo había cristal y no existía el concepto reciclaje, una vez que se consumía el líquido, el envase vacío volvía a la tienda y nos devolvían una parte de lo que nos había costado originalmente. Reciclaje de verdad, incentivado, sin deshechos, sin basuras.
Rocinante
Hace unos cuantos años, cuando los descuentos para jóvenes me eran aplicables, andaba en bicicleta. Nunca de manera competitiva, pero sí con la frecuencia justa para decir que estaba en buena condición física. Los años, los kilos, las obligaciones me fueron apartando poco a poco de la bicicleta, que por su parte empezó a criar polvo en un trastero.
Hace unos días, sin motivo aparente, he vuelto a subirme sobre el viejo hierro. Digo viejo porque al ver los artefactos que ahora se ven por la calle, mi Gary Fisher parece de otro planeta (en realidad es del siglo pasado). He vuelto a sentir el dolor de piernas, el sudor por la cara, la fatiga, pero también el viento en la cara, el vértigo de las bajadas, el premio de coronar con esfuerzo cualquier subida. Para mí, que rara vez salgo en grupo, la bicicleta es una actividad solitaria e introspectiva, que a medida que fatiga las piernas aclara la mente. También la libertad de no depender de gasolineras, la calma de ver el mundo a otra velocidad, el esfuerzo recompensado, la capacidad de superación …
Tiempo perdido
Pienso en las veces que me he dormido ante el televisor mirando sin ver, pienso en las veces que he pasado la noche en vela peleando con fantasmas imaginarios, pienso en las veces que he malgastado palabras con gentes con las que no quería hablar, pienso en las veces en que encerrado en una oficina he deseado no estar. En lugar de haber estado bebiendo, durmiendo, leyendo, hablando, andando, comiendo, follando, verbos todos ellos sinónimos de vivir. Pienso en el tiempo perdido. Ese material intangible más escaso y precioso que el oro o el petróleo. Pienso en aquel viejo chiste en que una pareja está comiendo en un restaurante. Que comida más mala, dice uno de ellos. Y que raciones más pequeñas, contesta el otro.
Indignaos
Un grupo de jóvenes airados, o indignados, como diría Stéphane Hessel, se manifiesta en El Cairo, en Manama, en Túnez o Damasco. Leo y escucho palabras como democracia, esperanza, futuro, libertad, derechos …
Un grupo de jóvenes airados se manifiesta en Londres. Leo y escucho palabras como anti-sistema, vandalismo, destrozos, anarquismo …
Un grupo de jóvenes airados, o indignados, se manifiesta en El Cairo, en Manama, en Túnez, en Damasco o … en Londres. Veo desesperación, hartazgo, falta de expectativas …
Compraventa
En una de las tertulias matinales, esta mañana me sorprendo al encontrar una voz que no repite los mismos tópicos ni se apunta perezoso a la corriente general. Habla del robo del sistema democrático, de que las multinacionales, los mercados, los especuladores se han apropiado del poder. Me sorprendo, por segunda vez, de estar, en lo básico de acuerdo. Sin embargo, discrepo en el verbo, no nos han robado la democracia, nos la han comprado, a cambio de un segundo coche, de un chalet adosado, de unas vacaciones todo incluido, del último aparato electrónico, de unas tetas de silicona, o peor aún, de la promesa de tenerlo.
Pensándolo mejor, lo que nos han dado a cambio es miedo. El miedo a perder ese segundo coche, ese chalet adosado, esa promesa de felicidad material.
Felicidad
- Tienes que venir conmigo este verano – me dijo – ya verás, en el sur la vida es diferente, la luz es diferente, la gente es diferente. Ven al sur conmigo, allí se está un poquito más cerca de la felicidad.
- La felicidad, dije riéndome, es un espejismo, una utopía.
- Al contrario, todos los días se toca durante al menos un momento.
- ¿Y el resto del tiempo? ¿Acaso ese momento justifica las veintitrés horas, cincuenta y nueve minutos restantes?
- No lo entiendes, pero ya verás, allí lo entenderás.
Finalmente acepté la invitación. Una madrugada de junio subimos en su coche y enfilamos la carretera en dirección sur. Amanecía sobre la inacabable estepa castellana cuando una gran sonrisa iluminó su rostro.
- Ya verás, en el sur la vida es diferente, la luz es diferente, la gente es diferente. Ven al sur conmigo, allí se está un poquito más cerca de la felicidad.
- La felicidad, dije riéndome, es un espejismo, una utopía.
- Al contrario, todos los días se toca durante un momento.
- ¿Y el resto del tiempo? ¿Acaso ese momento justifica las veintitrés horas, cincuenta y nueve minutos restantes?
- No lo entiendes, ni nunca lo entenderás. Es mejor que te bajes del coche.
Al principio y al final
Al principio, las primeras veces, lo más importante no es tener razón, es cerrar la herida, evitar cuanto antes el dolor, incluso pidiendo perdón sin sentirlo ni merecerlo. Más adelante lo principal es saber quien es poseedor de la verdad, la brecha durará más tiempo abierta, pero no importa, lo que cuenta es ganar, tener razón, lograr demostrar que el error es del otro. Finalmente llega un momento en que ninguna de las dos cosas es importante, más que nada porque ya no importa a ninguna de los dos.
Vivimos tiempos extraños
Vivimos tiempos extraños. La imposibilidad de viajar en avión durante un día hace que el gobierno decrete estado de alarma (ni atentados de ETA, ni el 11M, ni catástrofes naturales habían merecido tal medida), intervenga el ejército, se acuse a los controladores de sedición, los medios de comunicación se alineen con el gobierno en la condena a los huelguistas, se decrete la caza de los bien pagados (este parece ser el motivo último de la indignación) controladores y, una vez más, se demonicen huelgas, liberados y sindicatos.
Vivimos tiempos extraños. El anuncio de la supresión del subsidio de 426 euros a los parados sin otro ingreso no ha conseguido que pase absolutamente nada. En la prensa encuentro cifras desde 250.000 hasta 650.000, pasando por unos concretísimos 338.952 afectados. No estamos hablando de pasar un puente, de un viaje de negocios o de llegar a casa con un día de retraso; estamos hablando de comer, de pobreza. Y ya digo, no pasa nada.
Tiempos modernos
Nunca en la historia el ser humano ha estado tan protegido, nunca en la historia el ser humano ha estado tan indefenso. Nunca ha sido más libre, nunca ha sido más esclavo.
Hemos llegado a un punto en que un individuo medio, normal en el sentido estadístico del término, es un ser que necesita a alguien que haga crecer y transportar su comida, alguien que le produzca y transporte la energía que necesita, alguien que le transporte a él mismo, alguien que fabrique su ropa, alguien que le entretenga y así hasta el infinito. Todo ello a cambio de un dinero que gana honradamente trabajando 40 horas a la semana durante la mayor parte de su vida. Todo ello porque confía en que el sistema socio-económico en el que está inmerso va a funcionar perfecta e inocentemente. Pero ¿y si no funciona? Si no funciona la central eléctrica correspondiente no hay luz, no hay medios para cocinar, no hay medios para calentarse. Si los controladores aéreos, pongamos por caso, van a la huelga nuestro hombre normal se queda sin poder viajar. Si nieva las carreteras se bloquean. Si llueve hay inundaciones. Y lo más curioso de todo, nuestro hombre se indigna, le parece incomprensible que ocurra algo que el perfecto sistema no sea capaz de controlar, espera que alguien, el gobierno o lo que sea, le resuelva el problema, ”parece mentira que en pleno siglo XXI” .
Imaginemos ahora a un hombre “normal” de hace 500 o 1000 años, capaz de procurarse su comida, su energía, su ropa, capaz de ir por sus medios a donde quiere ir y capaz, también, de comprender que hay hechos, situaciones incontrolables, que él achaca al cielo, a los dioses, a los demonios, pero que por ello no deja de entender que ocurren, que están fuera de su alcance y así los acepta.